[RESEÑA] RAD RODGERS: WORLD ONE (PC, STEAM)

EMULANDO A LOS 90… OTRA VEZ. 

 

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Presentación de Rad Rodgers: World one

 

Últimamente, hemos estado viendo una enorme camada de juegos ansiosos por revivir u homenajear los buenos y viejos tiempos de los ochenta y los noventa (un mal hábito y/o capricho de la industria que se ha convertido en moda). Muchos de estos juegos, en su gran mayoría (sino en su totalidad) indies, hacen énfasis, orgullosa y trivialmente, en verse y jugarse de la misma forma que clásicos como Castlevania, Metroid o Megaman.

Rad Rodgers: World One, desarrollado por Interceptor Entertainment y distribuido por 3D Realms y THQ Nordic, trata de ir por ese camino y a la vez por otro: Capturar, como sus pares modernos, la nostalgia de aquellos grandes referentes plataformeros, y a la vez crear un buen espectáculo visual acorde a los tiempos que corren. En lo visual no decepciona, pero la premisa nostálgica no sobrevive a la promesa.

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Rad y su consola viva, Dusty, el dúo protagonista.

UNA HISTORIA (IN) OLVIDABLE

Rad, nuestro protagonista, está viciando con su consola (clara referencia a las Nintendo de los 90) cuando su madre lo llama a dejar de jugar. Se acuesta, dispuesto a dormir, pero su consola cobra vida y enciende la televisión. Rad se acerca (en una dramática escena que puede recordar a Poltergeist, otra referencia) y es chupado por el aparato. Momentos después, despierta en un mundo paralelo, con la voz ronca y dura de Dusty taladrándole los oídos. ¿Quién es Dusty? Su propia consola, que ha adquirido brazos y es capaz de adherirse a él para guiarlo en este mundo donde, cómo no, hay un gran problema que sólo Rad puede resolver.

Rad Rogers tiene dos bazas en las cuales se apoya constantemente, hasta el cansancio del jugador y el agotamiento de la fórmula. Uno es el homenaje a las plataformas clásicas, y el otro es el humor.

Vayamos con lo primero.

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Gore y un colorido escenario: Una contraposición constante en el juego.

DISPAROS, MALAS PALABRAS, Y ARDILLAS SANGRANTES

La sobresimplificada mecánica plataformera y de shooter horizontal recuerda a clásicos como Metal Slug, a Gunstar Heroes o  Earthworm Jim. La jugabilidad es tan básica que asusta: Correr, saltar y disparar; sólo en ocasiones esta monotonía se interrumpe, y es cuando debemos interactuar y movernos por el mundo de los píxels usando a Dusty, que levita por él tratando de no chocarse con elementos que flotan de forma errática, tratando de reparar las partes del juego que “los perezosos desarrolladores” (palabras del propio Dusty) han descuidado. Esta ruptura de la cuarta pared, que es constante en la boca de nuestro compañero, haciéndole recordar a Rad (y a nosotros) que estamos en un videojuego, me pareció genial y bastante original al principio, pero al ver que se repetía incesantemente sin variables ni enfoques distintos, pasó de ser una novedad a un mero agregado. ¿Pero es todo malo en este plataformeo básico? No. Al menos, no del todo.

Con coloridos escenarios llenos de elementos móviles, enemigos de una especie fantástica (enemigos que, eso sí, son siempre los mismos durante todo nuestro recorrido), trampas y peligros como caídas y fosos llenos de espina, lava, y un corto etcétera, crean un conjunto de desafíos que le dan cierta verticalidad al juego, aunque menos para dar variedad que para disimular su repetitividad. Los niveles están algo más inspirados, tratan de insuflar aire fresco a cada nuevo stage al que nos metemos, el diseño de nivel y el apartado artístico que tiene el juego está bastante bien, pero la repetición de enemigos y la necesidad de hacer una y otra vez lo mismo en cada escenario no ayuda a que el goce sea completo.

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Dusty en acción: Debemos arreglar el escenario pixelado abriéndonos paso a través de enemigos y trampas.

Los niveles cuentan con ciertos checkpoints para no hacer la experiencia muy complicada, aunque es un juego bastante sencillo en general o en lo que a dificultad se refiere. Es más fácil caer a una trampa por calcular mal un salto y morir, que ser derrotado por los enemigos, que irán a por nosotros en un alarde retro de IA que intenta disimular su propia falla; luego están  las zonas de píxels con Dusty, bastante más complicadas que el núcleo central con Rad a medida que avanza el juego, y que deberemos superar mediante ensayo y error. No son opcionales, hay que hacerlos para reparar la zona del escenario “rota” y poder avanzar.

Ahora toca hablar del humor del que hace gala el juego. Dusty es el elemento central de esto. Socarrón, con la voz de Jon St. John, icónico actor que le dio voz al personaje Duke Nukem y con chistes llenos de referencias y gags de los ochenta/noventa, por momentos nos sacará una sonrisa y por otros nos hará pedir que se calle. El juego está completamente en inglés, y es que si bien es fácil de entender con tener algunos conocimientos básicos, muchas veces la concentración es tal que no estamos para complicarnos la existencia y ocupar el cerebro en saber qué dice Dusty de fondo. Sus frases y chistes, aparte de los insultos básicos y las referencias, son el medio principal a través del cual se logra la ruptura de la cuarta pared, y acá es donde los desarrolladores mismos arrojan la verdad sobre nosotros: Frivolizando sobre su propia realidad, la de Rad y la del jugador, Dusty nos hace entender que estamos ante un producto virtual que se limita a homenajear a un tiempo que pudo haber sido mejor, pero que no es el nuestro.

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La interacción entre los dos protagonistas:  El humor en general, y el de Dusty en particular, es uno de los pilares en el que se apoya el título.

WORLD ONE: UN MUNDO BELLO

Resta hablar de la parte más lograda del juego: Su apartado visual. Rad Rodgers es un canto a lo clásico en lo que a colores y diseños se refiere, sí, pero también es un juego realmente potente en cuanto a trabajo gráfico. Los citados píxels fuera de ese universo en el que ocasionalmente entra Dusty quedan ahí. Los escenarios y niveles son brillantes fases en 3D con desarrollo bidimensional, con entornos que son, por momentos, deslumbrantes; están llenos de elementos bien definidos, detalles por doquier, juegos de luces, texturas, todo hecho con mucho mimo y cuidad, algo que llama siempre la atención en estos casos, ya que se trata de un título indie.

Buen trabajo por parte de Interceptor Entertainment que, como dije al principio, se separa del camino de la nostalgia al deleitarnos con un apartado gráfico moderno, acorde a los tiempos que corren, sin contradecir la esencia de homenaje que tiene su juego. Sonoramente también estamos ante un buen trabajo, con melodías infladas de testosterona, guitarras eléctricas ruidosas, y toques retro para acompañar la acción y verticalidad del título. Las actuaciones de voz están bastante bien, aunque se nota la diferencia de calidad entre Dusty y los demás personajes, y, como hemos dicho, todo está en inglés, sin subtítulos ni doblaje al castellano.

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Rad Rodgers: World One hace gala de su músculo gráfico.

CONCLUSIÓN:

Dado lo bien que se ve el juego, me hubiera gustado ver más variedad y menos relleno y repetetividad, menos intentos por involucionar 30 años con enemigos repetidos y referencias cansinas, y un salto de fe mayor innovando con la ruptura de la cuarta pared y la parodia al mismo género al que homenajea. Sin embargo, Rad Rodgers: World One cumple con lo básico: La acción es frenética, los gráficos son bellos, y, si uno está buscando un juego en el que disparar, saltar y correr no impliquen más que pasar el rato sin devanarse los sesos, Rad Rodgers: World One es un título que cumplirá con las tibias expectativas: Un sólido juego de acción que apuesta por lo seguro, sin tomar ningún riesgo.

LO BUENO:

  • Gráficos preciosistas, con cariño al detalle en cada escenario.
  • Acción rápida, básica, sin mayores complicaciones.
  • Una banda sonora que acompaña bien cada momento.
  • Jugabilidad simple, que se limita a cumplir su cometido de forma fluida y sin problema alguno.
  • Algún que otro easter egg que nos sacará una sonrisa.

LO MALO:

  • Nula variedad en los enemigos, así como una IA que deja mucho que desear.
  • Se desaprovecha enormemente la ruptura de la cuarta pared.
  • El énfasis en homenajear al género hace que el juego pierda identidad propia.
  • Si bien los niveles están bellamente diseñados, uno siente que está siempre en el mismo lugar, sin sorpresa alguna.
  •  Dusty, con sus chistes constantes y referencias cliché, acompaña bien al principio, pero termina cansando al repetirse incesantemente.
  • Coleccionables y zonas secretas que no aportan nada y no suponen desafío alguno.
  • Algunos bugs y glitches aún no se han corregido.

NOTA FINAL: 5/10

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