CAMBIA …….. TODO CAMBIA

Por  Adolfo Hugo Chiappe

El 22 de octubre la ciudadanía argentina ejerció nuevamente su derecho a optar por los candidatos de los distintos partidos políticos a los cuales quería disponiendo sobre cuáles serán las mejores leyes que rijan su destino.

Las elecciones de medio tiempo de un gobierno son siempre riesgosas para los oficialismos, porque tras la euforia del triunfo en una elección en que se eligieron a presidentes, gobernadores e intendentes, tras la catarata de promesas de campaña, llega la hora difícil de gobernar.

Y a este gobierno la cosa le vino muy dura, porque se encontró con una caja de pandora que superó todo lo imaginable. Aún siguiendo un camino estrictamente desarrollista y al mismo tiempo gradualista, las consecuencias de algunos desaguisados heredaros, como el de las tarifas, la brusca devaluación que afectó a la economía generando un violento rebrote inflacionario, no eran precisamente hechos que le ganaran la empatía de la población en especial de los sectores medios más humildes de la población.

Pero después de 22 meses de gobierno empezaron a visualizarse algunos de los efectos de a donde se pretendía llegar, y a la hora de votar se enfrentaron dos grandes fracciones en la Provincia de Buenos Aires: : a – El de un partido asediado por las causas jurídicas por corrupción contra sus dirigentes más emblemáticos a nivel nacional, un partido que se creyó su propia mentira de 12 años de vida, dirigido por una personalidad indudablemente afectada por la soberbia, la costumbre de estar blindada a las críticas que le podían llegar, acostumbrada a el manejo del poder en forma autoritaria, pero todavía seguida por algunos referentes en los grandes bolsones del cono urbano, y sectores postergados por ellos mismos y por otro lado b: otro partido que apenas tenía para ofrecer algunos retoños de mejor futuro, mucha esperanza y limpieza en el manejo de la cosa pública.

El justicialismo desde octubre del 2015 atribuyó su fracaso en la Provincia de Buenos Aires, decisiva a nivel nacional, a una mala elección de candidato que lo frenó en el 35% de los votos, pero en esta nueva elección con su representante máxima, dos veces Presidente de la Nación, se encontró con que a duras penas en dos vueltas electorales pudo superar aquellos guarismos en un 2%, enfrentándose siempre a quienes eran candidatos que podían ser excelentes a nivel personal, pero desconocidos para la opinión pública, y que sus barones en el cono urbano debían necesariamente abandonar a su conducción so pena de perder su poder territorial (Berazategui es un claro ejemplo, donde las importantes diferencias de votos a nivel local fueron el fruto de un apartamiento algo tardío pero oportuno para salvar aquél poder).

El peronismo como en 1983 y 1985, inicia ahora el camino de la reconstrucción de su conducción, ni solo a nivel de personas sino también de aggiornamiento de ideas, el cual no implicará el abandono de banderas tradicionales sino de modernización y adecuación de las mismas.

Del lado del oficialismo esperamos que se comprenda que una cosa es ejercer el poder dentro de sus justos límites y otra es pretender apropiarse de la titularidad sobre la verdad. Que la ciudadanía espera diálogo, respeto a todas las pertenencias, en definitiva, que los argentinos estamos ansiosos de arrancar un camino de reconstrucción definitivo, con dirigencias que se alternen y puedan ponernos en la senda que a nuestros potenciales y existentes recursos nos permiten aspirar.

No es hora para triunfalismo, la terea sólo se ha iniciado, habrá momentos más o menos duros, porque los problemas a resolver vienen de lejana data, y tenemos que prepararnos en terrenos tan críticos como el de la educación, a reformular drásticamente, no ya curriculas sino fundamentalmente a implementar una política educacional que permita devolver a todos los sectores que hemos ido dejando al costado del camino a la legítima aspiración de desarrollo vertical en el esquema social.

No se tratará sólo de equilibrar cuentas, conseguir inversiones, sino fundamentalmente lograr el equilibrio entre la necesaria aspiración del capital a mejorar sus resultados, y el de la totalidad de la población a lograr una adecuada distribución de las riquezas que se obtengan en el proceso.

EL PUEBLO SABE VOTAR, QUE LOS DIRIGENTES DE TODOS LOS SECTORES ASI LO ENTIENDAN.

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