• 28 noviembre, 2020 04:25
Paper Mario: The Origami King p

Existe un malentendido gigante en la discusión sobre la saga de Paper Mario, donde por un lado están quienes defienden el estilo RPG clásico de los primeros dos juegos (Paper Mario y La Puerta Milenaria) y hay quienes optan más por la originalidad de las últimas tres entregas (Sticker Star, Color Splash y, por supuesto, Paper Mario: The Origami King).

El malentendido, sin más, es la creencia de que hay ciertos elementos inamovibles que le han dado vida a esta saga. Algunos dicen que un sistema de batalla más clásico habría de salvar la saga; otros que la inclusión de compañeros y un mundo no estructurado en niveles sería de ayuda; otros dicen que la ausencia de un sistema de progresión deja un agujero gigante en la estructura del título.

Lo que vengo a plantear en esta disertación es que la saga de Paper Mario nunca ha necesitado ser «salvada» y que Nintendo no solo ha hecho bien en guiarla por nuevos caminos (pese a los problemas que eso conlleva), sino que logró maravillas con esta última entrega para Nintendo Switch.

Un libro de historias

Si me preguntan, sí, del primer Paper Mario, recuerdo muchísimo su sistema de combate, las melodías que le acompañaban, los compañeros de equipo y muchas otras cosas más; pero no es lo que me llega directamente a la cabeza al pensar en los primeros títulos.

Lo primero que veo es un libro de historia abriéndose y mostrando la historia del juego, a sus carismáticos personajes y su aura misteriosa y mágica. Eso son realmente estos juegos, libros de historias glorificados.

Recuerdo a mi amigo Hikaji decir que los juegos de Paper Mario son «juegos de RPG Maker con ultra gráficos y mucho presupuesto» o algo así y no puedo evitar darle la razón. En el mejor de los sentidos, esta saga exhala carisma, mucha creatividad y ante todo actitud.

Sin querer extenderme más en aspectos generales de la saga (la web del juego está por aquí), pasaré a hablar del juego en sí.

The Origami King

En esta entrega seremos nuevamente el clásico fontanero de papel en busca de rescatar a la princesa en un castillo que ha sido robado y llevado a la cima de un volcán por obra del Rey de Origami Olly.

El malvado ha plegado a un montón de ciudadanos del reino y secuaces de bowser para hacerlos de su lado. No obstante, hay un personaje de origami que estará de nuestro lado: Olivia, hermana de Olly, quien planea frustrar sus malvados planes.

Como en cualquier Paper Mario podremos saltar y usar el martillo, habrá secretos ocultos en el escenario y, siguiendo la línea de los últimos juegos, tendremos un elemento clave que utilizar, que en este caso es el confeti.

Este elemento nos servirá para tapar agujeros del escenario y lo conseguiremos fácilmente en bloques, arbustos, árboles y -por supuesto- en batallas.

Y hablando de las batallas, que han sufrido diversas mutaciones durante las últimas entregas, ahora poseen la estructura de un sistema de anillos y se convierten en puzles.

La idea es organizar a los enemigos con una serie de movimientos y tiempo limitados y con esto salir ilesos de las batallas.

Este sistema cuenta con consumibles igual que en las dos entregas anteriores -versiones mejoradas de la bota y el martillo y objetos como la flor de fuego, el Bloque POW o la cola de Tanuki-, pero estos se pueden conseguir con facilidad y tienen varios usos.

Por último, antes de entrar a discutir pros y contras, vale la pena recalcar como este sistema se convierte en una especie de tablero en las batallas de jefe, ubicando a Mario afuera de los anillos y al enemigo en el medio.

El mejor balance

Buenas noticias: Nintendo optó por comprometerse más con las cualidades de aventura gráfica que con las de RPG clásico y, aunque ese compromiso no permitió prescindir del sistema de batalla (y sus males), sí se nota cuando el juego ha reducido este aspecto -estorboso en Sticker Star y Color Splash- a lo mínimo.

El equipo detrás del juego optó, además, por hacerlo lo más entretenido por posible y hacerlo una herramienta útil cuando se necesita conseguir una buena cantidad de dinero o confeti.

Aún más, hicieron bien en permitir derrotar a ciertos enemigos de un salto o martillazo sin tener que entrar en combate una vez que hemos aumentado nuestra salud lo suficiente.

Todo esto permite que la historia de Paper Mario: The Origami King, que es su fuerte más grande, destaque. Una bella narrativa sobre la eugenesia que se disfraza sutilmente y que -aunque repetida hasta el cansancio- recibe el apoyo de las mini narrativas de los diversos lugares, personajes que nos encontraremos en un desierto de lija, un spa, un bosque u otras tremendas locaciones.

Sin poseer un sistema de experiencia clásico, la progresión del juego fluye de forma correcta y pese a tener ciertos momentos especialmente repetitivos, no aburre con facilidad.

Y es que es tremendamente divertido recorrer el mundo de Origami King, lleno de locaciones memorables, personajes con líneas tremendamente jocosas, secretos, coleccionables y más.

Es un juego que transporta a la infancia y que plantea toda situación con la idea del libro de historias en la cabeza.

Las ideaciones de papel que acompañan a la historia, desde los dobleces de origami hasta el que los enemigos sean artículos de papelería como colores, cinta o tijeras son genialidad pura.

Lo que aún falta

Por supuesto, no todo es perfecto en esta entrega de la saga. El mayor dilema al que se enfrenta Paper Mario: The Origami King es su falta de compromiso con ser ese libro de historias que mencioné al principio.

Habiendo pasado ya por tantas transiciones, sus ganas de aferrarse a una forma más clásica de desarrollar juegos le impide ser del todo lo que debería ser.

Esto causa contradicciones enormes en su estructura como juego: quiere mantener un sistema de batalla, pero sin que los enemigos sean un reto de ninguna clase (spoiler alert, ni siquiera los jefes más difíciles son especialmente difíciles)

Al mismo tiempo quiere centrarse en el fuerte de la historia, pero sus ansias por parecerse a un RPG tradicional en muchos sentidos hacen que se desvié de ese objetivo, planteando una rejugabilidad que no es tal y una falsa dificultad en situaciones donde puedes morir solo si no haces algo justo cuando el juego te lo pide.

Por último, si al sistema de batalla se le iba a dar tanta pantalla durante el juego, se pudieron haber esforzado en hacer que fuese más variado (más en las batallas normales, las de jefes sí plantean situaciones interesantes).

Un buen ejemplo de ello eran las batallas donde estaban los boos, que se hacen invisibles durante un tiempo, lo cual le da la tarea al jugador de organizar los anillos memorizando previamente dónde están.

Conclusiones

Estamos ante la entrega más comprometida de Paper Mario desde La Puerta Milenaria. Vivaz, carismática, colorida, creativa y profundamente divertida. Cierto es que al equipo de esta saga le vendría bien comprometerse hasta el final con hacer de los juegos de Paper Mario esos libros de historias, pero no han hecho un mal trabajo. Se puede decir que Paper Mario: The Origami King es demasiado fácil consecuencia de esa contradicción interna que posee, pero el carisma tan fuerte que lo impulsa compensa buena parte sus falencias. Recomendado.

Overall
7/10
7/10
  • Graficos - 9/10
    9/10
  • Sonido - 8/10
    8/10
  • Gameplay - 6/10
    6/10
  • Historia - 7.5/10
    7.5/10
  • Rejugabilidad - 4.5/10
    4.5/10

Cardo

Colombia. 21 años. Estudiante de Gestión Cultural y Comunicativa. Amante de los videojuegos y apasionado escritor